miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Y ahora quién cura las heridas?


En esta pequeña historia voy a narrar el suceso mas trágico de mi vida y por el que incluso hoy en día sigo sufriendo.

Nos situamos en el año 1937, en España había estallado la guerra civil, todos teníamos miedo, sabíamos que con una simple queja podrían matarnos. Mi padre Gerardo López, luchador y orgulloso de su familia, obrero y republicano que defendía los derechos de su familia y de los ciudadanos por encima de todo y no le temía a ningún hombre convencido para matar que se interpusiera en su camino, se encontraba perseguido por los militares, todos temíamos por su vida e intentábamos ayudarle, este seguía luchando junto con sus compañeros y no podían volver a casa, cada noche la tenían que pasar en un sitio diferente. Mi barrio se encontraba vigilado día y noche, era un barrio obrero de familias numerosas en el que todos sus habitantes luchaban por sus derechos, los militares, hombres convencidos para matar, vigilaban mi casa día y noche, yo una niña inocente de 8 años no sabía lo que sucedía, preguntaba pero no obtenía respuestas, claro mi madre no quería preocuparme y tampoco tenía el cuerpo como para aguantarnos a mis hermanos y a mí y menos para darnos explicaciones, sabía que tanto la vida de su marido como la de sus hijos corrían un grave peligro. En las calles solo se oían las amenazas de los guerrilleros y alguna que otra gracia a costa de las mujeres del barrio que pasaban por allí con tremendo sigilo, sin buscar bronca.
En la noche del 13 de junio de 1937, cuando los militares dormían, yo sentí ruidos en la casa y una voz familiar que hacía mucho que no escuchaba, era la voz de mi padre. Había venido a casa para darle noticias a mi madre, yo bajé a la cocina y me asomé a la puerta, sabía que mi madre no me dejaba levantarme por la noche y que corríamos peligro si mi padre estaba allí. Uno de los militares, que tenía mal sueño, estaba de guardia y escuchó a mis padre hablando en la cocina, pues las ventanas no eran nada buenas. Despertó a sus compañeros, ya estaba amaneciendo cuando se escucharon unos fuertes golpes en la puerta, mi padre salió de casa por la ventana del corral y mi madre acudió a abrir la puerta y yo que no me separaba de ella también fui.
Los hombres preguntaron por mi padre, mi madre les dijo que ya hacía diez semanas que no venía a casa, pero los hombres nos apartaron de un fuerte empujón y entraron en casa, mi padre, que estaba escondido, sufría una enfermedad de pulmón y en ese momento tosió, lo que hizo que uno de los hombres lo oyese y lo encontrase, mi padre fue detenido y fusilado, cuando yo tenía 16 años mi madre murió de una enfermedad dejándome a mi al cargo de la casa y de mis dos hermanos mas pequeños.
Hoy en día, a mis 85 años de edad sigo buscando a mi padre con la misma tristeza con la que viví ese momento, ahora unas personas anónimas piden perdón, pero por mucho que se disculpen, ¿quien cura las heridas? 

Sara Méndez Ramos
Fuente imagen: http://www.iescasasviejas.net/1.web/ccss1/cuartodeeso/guerracivil/guerracivil.htm

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